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La segunda oportunidad

Autora: Dortignac, Mariana

“Nadie te quiere”, “No vales nada”, “Sos un fracaso”, “Mejor morir”, “A nadie le importás”, son sólo un par de frases que escuchaba en mi mente, día tras día. Hasta que me las creí.

<<Bendita la crisis que te hizo crecer, la caída que te hizo mirar al cielo, el problema que te hizo buscar más a Dios>>

San Padre Pío

En aquel entonces, pasé por el mayor dolor de mi vida. Es gracioso cómo inicia todo. En un instante cualquiera, te pones a pensar: ¿Cómo sería el mundo si yo no estuviera? ¿Alguien lo notaría? ¿Haría falta? O ¿Soy tan invisible?

<<¿Cómo sería el mundo si yo no estuviera? ¿Alguien lo notaría? ¿Haría falta? O ¿Soy tan invisible? >>

Comencé a informarme sobre métodos rápidos e indoloros. Me decidí por el ahorcamiento. Tenía la soga, tenía el lugar y tenía amplios momentos de soledad. Nadie lo notaría, hasta quizás una semana después.

Mi idea no era hacer sufrir a otros, no quería castigar a nadie. Quería que ese hueco en mi pecho que se sentía como un hoyo profundo, dejara de doler. Porque la vida dolía, las personas dolían, respirar dolía, e intentar reconstruir todo lo perdido, hacía quebrar mi cuerpo en llanto de una manera que me es difícil de explicar.

Fue buscando la muerte, que al final, encontré mi vida. Con la soga alrededor del cuello (literal), parada sobre la silla, sin parar de llorar, estuve a punto de dar el salto. Pero algo me frenó. No supe qué. Tampoco estaba bien con Dios, es decir, que en ese momento, al último que le hubiese dado algún mérito de salvarme era él. Porque para mí, Dios era un mal chiste que solo se burlaba de mi mala suerte.

Estaba, como dije, con la soga al cuello, y de la nada, mi llanto se cortó. No me refiero a algo lento, sino a que de la nada, paré. La angustia había desaparecido. Ya no estaba el vacío. Y de pronto, tuve la sensación de que alguien me abrazaba. No, no bajó Jesús ni hubo luces ni música, sólo la sensación de paz. Como si alguien me dijera: “Calmate”. Un susurro, una brisa, la calma después de la tormenta.

Mucho tiempo después, por medio de una amiga comencé el proceso de un retiro; Al fin, pude ponerle nombre a lo que me hizo parar con mi decisión. Había sido Dios. Cuando más sola estuve, Él, a quién más culpe de mis angustias, me mostraba que yo le importaba. Porque en esa noche, la más oscura de mi vida, por primera vez, descubrí que no era sólo una idea abstracta de cuentos religiosos. Yo había experimentado su presencia, sin siquiera creer en ella.

<<Jesús murió por vos cuando eras un desastre total, cuando estabas tirado en el charco, en una sanja de barro . Nadie te quería levantar porque te golpeabas la cabeza, porque no le importabas a nadie. Y Él pasó a tu lado, te miró con amor y con compasión y te dijo: Yo te voy a levantar.»

Padre Radek

Tenía mis dudas respecto a escribir sobre ésto, porque es una parte a la que se me dificulta poner en palabras. Además, creo que la idea del suicidio se la ve como romántica, y muy poco tratada por miedo a la vergüenza. Muy lejos de exaltarla, acepto que hay personas que no tuvieron la misma bendición que la mía o no pudieron vivir a Dios antes. Sé de casos, y cuando escucho sobre aquellos que tomaron la decisión de irse, siempre entiendo lo que los llevó a hacerlo y que yo fui afortunada.

<< Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna.>> Jn. 3, 16

Soy proclive a tener pensamientos negativos, pero desde aquel momento en que Dios se hizo presente, me prometí que Él sería el único dueño de mi vida. Sólo Él puede tomarla.

Este testimonio es para aquellos que como yo, alguna vez se sintieron abandonados, aquellos que perdieron las esperanzas. Vivimos en un mundo lleno de espinas, de odio, de dolor, y no todos tenemos la capacidad de levantarnos como si nada. Para aquellos que tienen un corazón que ya no puede más, sólo les recuerdo que antes de tomar cualquier decisión, no olviden que hay un Dios que está peleando por retenerlos, que los está llamando a gritos para decirles cuán amados y valiosos son a sus ojos. Nunca estás solo, Dios está ahí, tomando tu mano. Date una segunda oportunidad.

Imágenes: Google images (Derechos a quien corresponda)

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