Mensajes al corazónReflexiones

La lucha interior

Aurora: Hordodji, Clarissa


El apóstol San Pablo dice en su primera carta a los Corintios:

 «Todo está permitido», pero no todo es conveniente. «Todo está permitido», pero no todo es edificante.

Cor. 10, 23

Meditando en esta palabra me llevo a reflexionar en nuestra lucha contra las cosas que no provienen de Dios.
En un mundo cargado ansiedad y de estímulos que incitan a la violencia como único medio para validar ideologías, se hace cada vez más complicado fomentar la paz para los que hemos conocido a Cristo. De hecho el propio Jesús nos advirtió diciendo en Mateo

<< Yo los envío como a ovejas en medio de lobos: sean entonces astutos como serpientes y sencillos como palomas.>>

Mt. 10, 16

Para cumplir con nuestro propósito de ser luz en el mundo en medio de tanta oscuridad, debemos aprender a imitar a Jesús en cuanto nos sea posible, es decir, aprender a discernir astutamente que proviene de Dios y que proviene del mal.

<<Porque el Espíritu que Dios nos ha dado no es un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de sobriedad.>>

2° Tim. 1, 7

El señor nos dio vida, inteligencia y voluntad para hacer del mundo en que vivimos su reino de justicia y hermandad. Si bien es difícil y muchas veces nos produce miedo, tenemos que estar firmes en la fe y tener presente que las cosas que nos cuestan son verdaderamente las que dan fruto. Somos conscientes también de que no estamos solos en la lucha, Jesús y nuestra Madre María están con nosotros si permanecemos en su amor y en su gracia.

Pienso que, si nos dejamos guiar por el Espíritu Santo, podremos vencer cualquier obstáculo. La clave está siempre en recordar nuestra identidad, al igual que Jesús, que en ningún momento perdió de vista ni su identidad, ni su misión, ni su dominio propio. Porque Él siempre tuvo claro de dónde venía, quién era y hacia dónde iba. Como dice la escritura en Proverbios:

<<El que tarda en enojarse vale más que un héroe, y el dueño de sí mismo, más que un conquistador.>>

Pr. 16, 32


El desafío es entonces discernir las estrategias del enemigo para no caer en sus trampas. Sabemos por Juan:

<<El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Pero yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia.>>

Jn. 10, 10

Y me di cuenta de que ese es precisamente el parámetro para identificar de donde provienen las obras.
El ladrón trata de robarte tu identidad como hijo de Dios, alejándote de la palabra de vida, del cuerpo de la iglesia y la sabiduría divina. El ladrón viene a matar la buena obra de Dios que es la creación confundiendo al hombre y conduciéndolo a la ambición desmedida que produce muerte, como lo hizo con Eva diciéndole:

<<Dios sabe muy bien que cuando ustedes coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y serán como dioses, conocedores del bien y del mal>>

Gn. 3, 5

El ladrón viene a destruir a las almas, haciéndolas creer que son autosuficientes y que pueden lograr la libertad y la felicidad excluyéndo a Dios.

Podemos decir entonces que, todo lo que produce VIDA viene de Dios y todo lo que produce MUERTE proviene del enemigo. Si analizamos con más detalle, podemos ver ejemplos claros en la actualidad de como el diablo se disfraza de ángel de luz para destruir la obra buena de Dios. Ejemplos de esto pueden ser: la eutanasia, el aborto, las drogas, el curanderismo y prácticas de la nueva era, entre otras. A simple vista, te hacen creer que se realiza con una buena intención, pero el trasfondo es malo, el trasfondo conlleva a la muerte tanto física como espiritual de las personas.
Hermanos, tratemos de imitar a Cristo y, ante la duda, siempre preguntémonos que es lo que haría Jesús en esa situación, y con la ayuda del Espíritu Santo, seguramente tendremos la respuesta para tomar buenas decisiones en la vida.

<<Revístanse con la armadura de Dios, para que puedan resistir las insidias del demonio.>>

Ef. 6, 11

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