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Dios te hizo para que seas feliz

Autor: Romero, Ramiro

Me llamo Ramiro, vivo en la ciudad de Villa Ángela, soy maestro, y quiero contarte lo que Dios hizo en mi vida.

Hace 10 años, cuando aún era adolescente, tenía una vida bastante tranquila, relajada y desordenada. Si bien estudiaba una carrera universitaria, también salía mucho de noche. Me acostaba muy tarde y me levantaba al mediodía. Tenía vicios: tomaba y fumaba y en ocasiones me metía en situaciones peligrosas. Era un vago y un rebelde.

<<Tenía vicios: tomaba y fumaba y en ocasiones me metía en situaciones peligrosas. Era un vago y un rebelde.>>

Esa era mi vida normal, y creía que todo estaba bien. Hasta que un día me pasó algo muy pero muy duro: mi mejor amigo murió en un accidente chocando contra un camión. Para peor, justo en ese momento estábamos distanciados por unas cuestiones. Fue así que me vine abajo. Por supuesto, deje mis estudios. No tenía ánimos ni para leer una hoja. Realmente no podía concentrarme en nada. Tiré todo y estaba realmente pésimo. Mi cabeza era un caos. Pensaba todo el día y empecé a caer en una depresión. Perdí las ganas, los sueños, perdí peso. Era otra persona.

Llegué al punto de no soportar tal estado y empecé a buscar ayuda. Me acerqué a la iglesia pues uno cuando está mal, en el fondo intuye o cree que allí encontrará ayuda a sus males. Con mi novia empezamos a ir a misa todos los domingos y me empecé a sentir mejor. También me acerqué a un ministerio de música con la intensión de aportar mi talento musical.

<<Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: «Padre, pequé contra el Cielo y contra ti;
ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros».
Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente, corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó.>>

Lc. 15, 18-20

En el camino, una de las personas de este ministerio me invitó a un retiro de discipulado. En él, pude tener un encuentro personal con Jesús y desde allí mi vida empezó a cambiar. Y volví a empezar. Primero tome una decisión seria: dejé la vagancia. Entendí que ese estilo de vida no era el que Dios quería para mí. Tuve la fuerza para dejar los vicios y alejarme de mi junta, que si bien son personas que aprecio mucho, era necesario que me aleje de ellos.

Me anime a cambiar de vida. Y empecé de a poco. Me propuse volver a estudiar, pero desde cero, otra carrera. Me costó discernir. No quería estudiar algo que no me guste. Empecé a preguntar e indagar y me di cuenta que varias veces me tocó ayudar a alguien a entender algún tema difícil, me resultaba fácil comprender y me gustaba explicar cuando algún tema no se comprendía bien, no me asustaba preparar una exposición, así que comencé a pensar que podía ser un buen docente y comencé a estudiar un profesorado con mucho entusiasmo. Pero al poco tiempo abandoné. No era fácil lidiar con el desánimo, era una lucha contra mi propia mente. Me desanimaba muy fácil, le veía lo negativo a todo.

Un día me acerqué a la iglesia y hablé con un sacerdote, el Padre Daniel, quien me escuchó con mucho amor y me aconsejó consultar un profesional. Fue así que me animé a ir a una psiquiatra. Hablar de mi problema en esa consulta me hizo bien y me dio nuevas fuerzas. Esperé marzo y lo intenté una vez más, no me iba a rendir, y lo volví a intentar por todos los que me quieren, y también por mí.

Ahora sí, la tercera era la vencida. Y gracias a Dios, fue la carrera adecuada para mí, perseveré y al cabo de cuatro años me recibí, y con doble título: de Profesor y de papá. ¡Qué alegría más grande!

<< Dios es nuestro refugio y fortaleza,
una ayuda siempre pronta en los peligros. >>

Sl. 46, 1

Hoy doy gracias a Dios porque, a pesar de lo doloroso del proceso, hoy tengo una vida mucho mejor de la que pude haber tenido siguiendo mi viejo camino. Tengo una profesión que me dignifica y una familia hermosa, una esposa y compañera maravillosa y una hija preciosa. Eso me hace muy feliz y le estoy muy agradecido al Señor por todo el bien que hizo en mi vida. ¡Gloria a Dios!

Quiero decirte algo más: si tenés un problema, no lo tapes con distracciones, u otras cosas. No lo escondas ni la caretees. Tampoco te hagas el fuerte. Se humilde y busca ayuda. Busca a Dios o a alguien bueno que te aconseje. Habla de tus problemas, que hay solución a todo. Dios te hizo para que seas feliz. No para que estés triste, deprimido y amargado. Y tiene para vos una vida mil veces mejor de la que podes construirte vos solo.

Un abrazo grande.

<<Dios te hizo para que seas feliz. No para que estés triste, deprimido y amargado. Y tiene para vos una vida mil veces mejor de la que podes construirte vos solo.>>

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