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Llenos de alegría y el Espíritu Santo

Escritora: Landriel, Eugenia

En la secundaria nos propusieron realizar un trabajo de observación, donde la consigna era detalladamente tomar registros de las acciones de tres personas diferentes durante una semana. Yo había elegido compañeros con los cuales no me relacionaba y la vivencia que tuve durante ese tiempo cambió mucho la perspectiva de mi vida en ese entonces.

Eran personas que formaban parte de grupos concurridos, llenos de chicos que practicaban las mismas actividades: se reunían por la tarde en el centro del pueblo, compartían deportes en común, y su vida nocturna era recurrente y similar, frecuentaban los mismos lugares. Yo estaba pasando un proceso de adolescencia casi estático en comparación a ellos; mi observación se convirtió en fascinación, una de la que no dimensioné hasta transcurrir varios años.

Sentirse parte del todo puede producir una satisfacción momentánea, como el efecto del alcohol o algunas drogas. Sentirse avalado por el otro da una forma a la identidad que a veces creemos que no portamos. Si en algún punto de tu vida creíste que…

“Te faltaba personalidad”, “no tenías carácter»

“Te faltaba personalidad”, “no tenías carácter» Tranquilo. Sólo está tomando su forma exacta.

Solía pensar eso, que lo que el mundo llamaba identidad en mí no se había formado. Es como una especie de engranaje al que le faltaba uno de los dientes. Y es cuando sucede que la maquinaria del mundo en el que vivís tiende a girar, pero sin que vos puedas articular con él. No encajás debido a lo que te falta. No encajás porque hay algo que aún no se desarrolló en vos. No encajás porque esperás el reflejo de vuelta de alguien que todavía no distinguís.

En Sú palabra, Jesús nos reviste de la única identidad capáz de hacernos sentir completos: la de ser Hijos de Dios. Y esto se transforma en verdad cuando comenzamos a entender que no requiere de hacer algo específico al agrado de los demás. Está inserto en nosotros desde el momento en que fuimos creados y pensados, a una imagen y semejanza que rompe con los estereotipos sociales y culturas. Que quiebra con lo establecido. Porque tal vez nuestro interior y nuestro corazón hayan cambiado de manera constante para encontrarse y sentirse «parte de…» , pero el corazón de Jesús jamás cambió. La libertad y el amor que nos ha dado siguen intactos, incluso crecientes. Y requiere de nosotros un acto voluntario, de predisposición a pertenecer sin las condiciones que el mundo muchas veces baraja en nosotros, en pos de sacar a nuestro exterior esa identidad.

Si estás buscando adónde pertenecer, o si por momentos pensás que el mundo no se hizo para personas como vos, tal vez estés en lo cierto. Porque tal vez el mundo que ves no sea el mundo que te espera. Hay alguien que ya te ha establecido:

<<Así nos ha ordenado el Señor: «Yo te he establecido para ser la luz de las naciones, para llevar la salvación hasta los confines de la tierra». >>

Hc. 13, 47

Todos estamos destinados e identificados con la Vida eterna de la que Ël nos habla en su palabra; simplemente debemos dejarla extenderse en nosotros. Por eso, no te abatas si aún te sientes sin rumbo, sin pertenecer. Sacúdete los pies llenos de polvo de un mundo donde ya no perteneces, y camina…

“Lleno de alegría y del Espíritu Santo” por este nuevo camino.

¿Querés alguna canción para vivir al Espíritu mientras lees? Te dejamos a 7servo para que disfrutes:

https://youtu.be/amGC7T5HRsE

Imágenes: Google images. Créditos a quién corresponda.

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