Testimonio

Buscando el equilibrio (La obra de Dios en mi vida II)

Autora: Clarissa Hordodji

…Llegué a casa de sorpresa después de siete meses y, cuando recibí el abrazo fraterno y las lágrimas de mi madre al llegar, se me vino a la mente la parábola del hijo pródigo en la biblia. En ese instante, comprendí la tristeza y preocupación que sintió mi madre al verme partir sola y sin Cristo en mi corazón, en el fondo ella era consciente de todo lo que me iba a pasar, ella sabía que yo estaba perdida.

<<Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente, corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó >>

Lc. 15, 20

«…en el fondo ella era consciente de todo lo que me iba a pasar, ella sabía que yo estaba perdida.»

Pasaron un par de meses y seguía sin encontrar el equilibrio, me habían diagnosticado la enfermedad de Graves o hipertiroidismo. Comencé el tratamiento y toda esa angustia que se suponía que tenía que pasar no pasaba. Empecé a trabajar de nuevo en la oficina donde lo hacía anteriormente y a estudiar otra carrera. Tener la mente ocupada era mi objetivo, para no pensar, para no enfrentar lo que realmente tenía adentro. Me sobrecargué con estudio y trabajo, lo cual hizo que, al cabo de seis meses termine colapsando, estaba completamente abandonada físicamente y espiritualmente, me alimentaba mal, dormía poco y no hacía ningún tipo de ejercicio físico. Los ataques de pánico seguían con mayor intensidad hasta que un día toqué fondo y decidí buscar ayuda psicológica.

Hasta ese entonces yo creía en las casualidades, en el horóscopo y en la suerte, no me daba cuenta de que absolutamente nada de lo que me estaba pasando era casualidad. Empecé terapia con una muy buena profesional, la cual creo firmemente que Dios la ha puesto en mi camino para que me orientara hacia Él. A todo esto yo seguía rebelada con la iglesia y ni se me cruzaba por la cabeza acercarme porque decía que toda la gente que iba ahí se creía “santa” y no lo era, además de ponerme en el papel de juzgar a las autoridades. Obviamente, seguía sin entender la palabra y el misterio de la iglesia, como dice la escritura, me creía con la potestad de mirar la paja del ojo ajeno sin mirar la viga que tenía en mi ojo.

<< ¿Por qué te fijas en la paja que está en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga que está en el tuyo? >>

Mt. 7, 3

Habían pasado dos meses de terapia, los ataques de ansiedad me atormentaban con pensamientos horrorosos como: que me iba a morir, que iba a enloquecer, me volví casi hipocondríaca inventándome enfermedades que no tenía; (con frecuencia terminaba en la guardia de una clínica midiéndome la presión por temor a un infarto), no me podía quedar sola en ningún momento por temor a que me pasara algo.

Recuerdo un día que mi psicóloga me dijo:

“Dejá de buscarle la quinta pata al gato, inventándote enfermedades que no tenés. Hacé un trabajo interior, busca la raíz de todo eso que te lastima y sacalo afuera. Este no es un trabajo fácil, pero es necesario para vivir en paz, no es vida lo que estas llevando y yo ni nadie te va a poder ayudar si vos no ponés voluntad”

En ese momento me hizo un click en la cabeza y comprendí que la salvación es individual, que nadie te puede ayudar si no es tu voluntad salir del pozo de donde estás. Cuando tocas fondo y sentís tu propia fragilidad, solo hay dos opciones: mirar para abajo y ahogarte en el pozo o mirar para arriba y volver a respirar

Había probado de todas las formas posibles minimizar la ansiedad: infusiones naturales, pilates, estuve a punto de hacer yoga pero algo me decía que no debía hacerlo. Nada funcionaba, una de las terapias alternativas que me animé a realizar fue la acupuntura. Recuerdo que la terapista, en una ocasión me había recomendado hacer constelaciones familiares, otra terapia de la rama del new age que, según ella funcionaba muy bien. Me dijo también que haga meditación en casa con videos de internet y una vez, estando sola en casa decidí hacerlo, sin tener en cuenta las consecuencias que esta práctica podría traerme.

<<Jesús le respondió: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí. >>

Jn. 14, 6

De esta manera comprendí que, muchas veces, Dios permite que nos pasen cosas desagradables para que al fin entendamos que Él es el único Dios verdadero y que sólo en Él vamos a encontrar esa paz que tanto anhelamos conseguir en medio de tanta aflicción en este mundo.

Podría catalogar esta experiencia como la más horrorosa pero a la vez liberadora que jamás haya vivido. Nunca imaginé que una cosa así podría pasarme, pero mediante ella entendí el peso del pecado en mi propia carne. Después de haber hecho un par de sesiones de acupuntura, un día sola en casa traté de hacer meditación como me había recomendado la terapista, sentí por un momento que mi mente entró en un estado de trance y fue, en ese preciso instante, cuando sentí una fuerza sobrenatural dentro de mí atormentándome. Corrí al espejo y no me reconocí; el temor se apoderó de mí porque sentí que había algo en mí, que no era yo. Busqué ayuda porque no me podía calmar, perdí el control de mis pensamientos y lo único que atiné a hacer fue ir hasta la casa de Tami, mi compañera del instituto, que se había ofrecido a orar por mí si lo necesitaba.

<< Porque así como participamos abundantemente de los sufrimientos de Cristo, también por medio de Cristo abunda nuestro consuelo. >>

2 Cor. 1, 5

Fue entonces cuando tuve el despertar de mi conciencia, mediante una poderosa oración de intercesión, donde primeramente sentí una angustia y un miedo espantoso, pero luego ese espíritu que me atormentaba salió de mí provocándome una sensación de desprendimiento, como si algo se arrancara de mi cuerpo y al fin, vino la paz a mi corazón. En ese instante, la presencia de Jesús me acompañó; caí rendida a sus pies en medio del llanto y le entregué mi vida, agradeciéndole y pidiéndole perdón por todas mis faltas.

Vislumbré la importancia de aprender a identificar el bien y el mal, las cosas de Dios y las cosas del demonio. En el mundo de hoy podemos observar que, muchas veces, por ignorancia de la Palabra y por el afán de encontrar soluciones rápidas a los problemas, la gente (incluso los creyentes) caen en la trampa de terapias orientales (yoga, reiki), curanderismo, adivinación y muchas cosas más, que bajo el nombre de “energías” esconden uniones con el mas allá que no provienen de nuestro Señor. Muchos, para confundir, también utilizan santos, amuletos y oraciones cristianas prometiendo obtener paz bajo el costo de un servicio. La finalidad es sacar un rédito económico aprovechando la desesperación de la gente. Realmente son lobos disfrazados de ovejas, pero es fácil identificarlos, simplemente hay que tener en cuenta que la paz no se puede comprar, la paz verdadera solo proviene del Señor, y nos la da gratuitamente.


«En la oración, que es nuestro amigo y ayudador. Ese es un punto muy importante que define nuestra relación con el Señor. Si no aprendemos a hacer oración personal, no le vamos a encontrar sentido a todo lo demás.»

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