Formación

El desierto: una oportunidad de acrecentar tu fe (PARTE 1)

Por Mariana N. A. Dortignac y Giselle Yensen

“¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡¿Por qué me has abandonado?!” (Mt. 27, 47)

Ok. He sido un buen cristiano. Fui a misa, di mi limosna, serví en misa, me entregué al plan de Dios. No hago el mal, ayudo al prójimo y leo la biblia a diario… Entonces, ¿Por qué de repente ya no siento la guía de Dios? ¿Por qué no siento su divina mirada puesta en mí? Es más… no siento nada… como si estuviera en un desierto.

Si has tenido ya un caminar en la espiritualidad cristiana, tal vez puedas sentirte identificado. Ves a tus hermanos hablar maravillas de Dios, ves el brillo en sus ojos cuando experimentan su presencia en pequeños gestos cotidianos… ¿y por qué a vos parece que no te toca?

Sentimos el vacío y el miedo, el abandono y hasta la desesperanza de no ver ninguna señal que nos ilumine a nuestro alrededor. Ni siquiera a Dios.


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“El maestro siempre está en silencio durante el examen”

Por supuesto que Dios no se fue a ningún lado y no se olvidó de responder. La sensación es desesperante; pero no olvidemos que parte de nuestra religión y una de las virtudes teologales es la fe, y justamente, nuestra fe también es puesta a prueba a pesar de estos momentos de sequía espiritual que podamos atravesar. Es fácil creer en Dios cuando lo sentimos, pero, ¿qué ocurre en los momentos que no es así? ¿Dejamos caer toda nuestra relación, todo lo que proclamamos sólo porque no estamos viviendo a Dios como queremos? La fe, debería ir más allá de las sensaciones.

“Sin embargo, he aquí que yo la persuadiré, la llevaré al desierto y hablaré a su corazón.” (Os. 2:14)

Durante la Noche de Gloria del martes 19 de marzo de 2019, el Padre Radek (Radoslaw Jaszczuk), se refirió al desierto como un lugar que no es sólo físico, “(…)Desierto es un espacio interior del corazón que facilita el encuentro profundo con el Señor” y que somos llamados a éste, para tener un encuentro más personal con Dios. Acallar las voces, el ruido, el ritmo de vida, y mostrarnos a él como somos.

¿Por qué Dios permite este desierto en mí?

Las causas de encontrarse viviendo una desolación espiritual pueden darse de varias maneras: porque estamos perezosos y tibios en la oración y en los medios de perseverancia; o quizás Dios quiere ver hasta qué punto, aún sin sentir nada, sigues perseverando en Él; o también porque quiere que sepas que no eres tan Santo como crees y que siempre estarás necesitado de Dios.

El camino de la fe, no puede estar basado en algo tan efímero como los sentimientos, porque es en la aridez en donde se manifiesta el mayor esfuerzo por estar en la presencia del Señor. Te doy un ejemplo, para nuestro Padre vale más ese día que aun sin ganas y con millones de adversidades te fuiste igualmente a la Eucaristía y además fuiste sincero con el Señor al decirle: “Señor, no quise venir, pero aquí estoy, me entrego en este momento con todo lo que tengo y con todo lo que soy hoy”; que todo lo que puedas hacer cuando salís tan animado de un retiro o de una convivencia. Porque el Señor ve las renuncias que haces a Él por amor.

Recordemos la experiencia del pueblo de Israel, que estuvo cuarenta años en el desierto. Fue un tiempo de prueba, pero también un tiempo de gracia y una gran lección para Israel. A pesar de sus continuos rechazos y olvidos, Dios lo perdonó una y otra vez, llenándolos de su misericordia. Y en los momentos de mayor hambre, les dio el maná del cielo, prefiguración de la Eucaristía con la que Dios nos quiere alimentar en todo momento, y con la que quiere recordarnos hasta el fin de los tiempos su presencia en medio de nosotros.

¿Qué debemos hacer ante el desierto?


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Aprovecharlo, para estar en silencio, retirarnos del mundo y vivir el encuentro de introspección con Dios. Alejarnos de todo el bullicio, ir a un lugar donde podamos sentirnos en calma para poder estar en oración, no una oración cualquiera; por el contrario, ésta debe ser como una conversación, en la que nos reencontramos con un Dios que nos quiere volver a conquistar, que nos quiere más concentrados en él, en su Santo Espíritu. Este momento es necesario, porque mediante él podemos aprender a ser conscientes de nuestras debilidades y nuestras fortalezas, e inclusos, siendo dóciles al Espíritu Santo, y sus planes, madurar de alguna manera.

“El desierto es un lugar en el que estás sólo vos y Dios” (Padre Radek)

Tal vez, alguna vez te sentiste cansado después de un mal día, y por alguna razón apagaste tu celular. Porque querías eso: silencio. O quizás, elegiste irte de vacaciones a un lugar tranquilo; o – ¿y por qué no? – hiciste un retiro y sentiste que, por un par de días, te desintoxicaste del mundo y te llenaste de amor y fuerza. El desierto es eso: No una ausencia de Dios, sino un llamado a que te acerques más a él.

¿Dios guarda silencio?

En realidad, siempre hay un mensaje de Dios exclusivamente para vos, el cual está en su Palabra; Está en Jesús, cuya vida y obra se representan como el megáfono de la voz de Dios, para recordarte que más allá de nuestros desiertos, hay un plan de salvación para tu vida.

Te invitamos a meditar este hermoso cuento acerca del silencio:http://www.jmanjackal.net/esp/espsilence.htm


7 comentarios en “El desierto: una oportunidad de acrecentar tu fe (PARTE 1)

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