Mensajes al corazón

Dios te ama

Por Mariana N. A. Dortignac y Giselle Yensen

«Así como el Padre me ama a mí, así yo también los amo a ustedes. No se aparten de mi amor.» (Jn. 15, 9)»

En una carrera interminable, parecía que siempre debía trabajar duro para merecer el amor. No importaba si era del tipo romántico, amistad o fraternal. Sin importar qué tan buena persona fuera, que tanto lo intentara, como todo en la vida parecía que debía esforzarme para merecerme algo tan básico. Entonces, comencé a aferrarme a lo material, a mis esfuerzos, a mis estudios, porque pensé que allí todo lo que había logrado era por mis méritos, y que si lograba sacar un 10 podía llenar aquel vacío que se formaba en mi pecho. Esa sensación de que a pesar de lo que hiciera, siempre estaría sola. Nadie me amaría. No fue hasta que todos mis planes se cayeron que entendí la realidad:

 Nada ni nadie eran eterno en mi vida, y había un vacío que no podía llenar.

Conocer tu identidad de Hijo mediante un encuentro personal con Jesús

He escuchado en varias oportunidades que Dios me ama. Que me ama como ese Padre amoroso, de forma personal e incondicional. Es decir, que me ama específicamente a mi por lo que soy y que su amor no se recibe por mérito, por ser más o menos buena, por cumplir ciertas condiciones. Pero, ¿como sentirlo? ¿cómo saber si es real? ¿a partir de que momento puedo sentirme hija/o de Dios?

A partir de un encuentro personal con Jesús. Ese momento de extrema intimidad, donde son solo vos y Él. Ese momento de donde te dejas conocer, dejas abrir esas puertas a las que tanto tiempo resististe abrir, dejas fluir esas palabras que describen cada una de tus heridas, de tus miedos, de tus cargas, y lo conversas con Él, con este nuevo amigo que quiere ser tu mejor amigo, que te consuela y te abraza como un Padre que a su vez quiere tomar todas tus cargas. Es un Padre que no solo nos escucha y se interesa por nosotros, sino que nos ha amado desde el principio de los tiempos. Un Padre que verdaderamente se duele con nosotros y está atento a cada uno de nuestros pasos, y es entonces donde surge ese amor preparado especialmente para vos. Y de repente, encontrás tu verdadera identidad.

Pero, es en el caminar donde está nuestra mayor prueba de permanecer en su amor. Porque sabemos que «Dios es fiel». (1Cor 10, 13) y estamos llamados a confiar en Él, lo cual resulta fácil en los momentos buenos, pero no en los momentos de soledad y desconsuelo que el mismo Señor experimentó, producto de su sacrificio por nosotros en la cruz. El Padre Hurault lo explica de la siguiente forma:



«El mismo Jesús, el propio Hijo de Dios, tuvo el sentimiento de llamar en vano a su Padre, que calla y priva a su Hijo de toda consolación celestial. Tal fue la prueba suprema, a la cual Jesús quiso someterse para cargar con nuestros pecados. Pero, en medio de estas tinieblas tremendas, hay en lo más profundo del alma de Jesús una luz que no vacila. Sabe que, a pesar de su silencio, el Padre está siempre con Él…»


Padre Bernardo Hurault

Por eso, aunque nuestro Padre parezca a veces ausente en nuestra vida, después de ese encuentro personal de amor, sabemos en nuestro interior de que Él siempre estuvo presente. El Señor nos dice: «No teman, hasta los cabellos de sus cabezas están contados» (Mt 10, 30). ¿Cómo dudar entonces de un Dios tan tierno que se inclina hacia nosotros, de un Padre que no se cansa de comunicarnos su amor?

Tocar fondo

Tuve que tocar fondo, pero siento que fue algo bueno, incluso lo creo necesario. Cuando uno queda desarmado ante la vida, indefenso, es cuando el Espíritu se hace presente. Uno a veces cree, que la experiencia de Dios debe ser algo con luces de colores, explosiones y coros de ángeles de fondo; pero ciertamente no es tan así. A veces, se siente como un suave manto cubriéndote y la sensación de calma. Al menos eso sentí, a pesar de que en ese momento no tenía ni idea de que fuese Él. No lo supe en ese momento, tiempo más tarde, comprendí que Él, el papá de todo y todos, con la agenda más ocupada del universo se fijó en mi. Una pequeña, orgullosa y distante hija que no había entendido la dimensión de su amor, hasta ese momento. Dios me amaba y me quería viva y feliz. Yo había buscado llenar mis faltas con cosas mundanas, cuando Él me ofrecía mil veces algo mejor.

«Pretendía un Mundo. Y al encontrarte le sumé el cielo.» José Narosky

Tal vez, en algún momento sientas que no puedes confiar en nada ni nadie, que las personas, los momentos y las cosas son fugaces. Que todo va y viene. Encomendar nuestra razón de ser a cualquier cosa es jugar con una ruleta rusa, porque jamás tendremos la certeza de que eso nos garantice nuestra felicidad. Con Dios no ocurre lo mismo.

 Él es paciente: «El Señor es lento para la ira y abundante en misericordia, y perdona la iniquidad y la trasgresión (…)» (Nros. 14, 18)

 Él nos perdona: «Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; más a aquel que perdona poco, poco ama. Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados.»   (Jn. 7, 47-48)

Él entregó a su único hijo por nosotros: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito para que todo aquel que cree en él, no se pierda, más tenga vida eterna.» (Jn. 3, 16)

Y si aún quedan dudas de si eres merecedor de su atención, o de que tal vez no eres importante para Él, esta frase de Regina Brett puede hacerte reflexionar:

«(…) Dios me ama porque la naturaleza de Dios es amar.»

«Dios es amor» (1 Jn. 4, 16)

Si vas a dar tu corazón a alguien, que ese alguien sea Dios. Su amor es eterno y al alcance de una oración… o tal vez, un ruego desesperado cuando nadie más conteste el teléfono. Todo puede fallar, pero Dios NUNCA.


«Nada puede separarnos jamás del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor». (Rom 8, 38)

Testimonio de vida de Mariana N. A. Dortignac

Un comentario en “Dios te ama

  1. Quien quiera conquistar corazones debe entregar su propio corazón en prenda. (Padre José kentenich).
    Bendito y alabado sea Dios por su gran amor e incondicionalidad.

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